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Hay encuentros que no se buscan.
Suceden.
​​
Lo que sostienes no es un objeto.
Es una llave que reconoce una intención
antes incluso de tener nombre.
​​​
No abre un lugar.
Abre un instante:
el punto exacto en que una idea
deja de ser posibilidad
y empieza a existir.
Las obras verdaderas no se esperan.
Se manifiestan cuando
ya no pueden callarse.
Y este es el instante
en que la tuya
empieza a existir.​​

Para continuar tu proceso,
solo hay algo esencial:
guardar esta tarjeta.
Conserva esta llave.
Es la pieza que une tu intención
con el inicio de tu obra.
Cuando decidas avanzar
—al reservar tu cita—
trae contigo esta tarjeta.
Es tu acceso,
tu confirmación y el puente
que conecta cada paso.

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